Una Europa adormecida es devorada a
ritmo de décadas demográficas por un Islam hambriento, insolente, arrollador e
imparable mientras, como hacía una despreocupada Scarlett O'Hara, vivimos con
sorprendente e irritante indiferencia los últimos días de una primavera que se
acaba para nosotros, a las puertas de un gélido invierno para el que
no estamos ni preparados ni concienciados.
A Europa ya no le da tiempo a
despertar. Nuestro mundo muere. Occidente y su cultura se extingue
ante una barbarie e incultura del color de los dinosaurios. En poco,
nuestros padres ya no estarán, nosotros seremos incapaces de
defender nada y nuestros hijos, o emigran o serán aplastados por la
infección que consentimos con políticas buenistas de indignos políticos e
izquierdas ridículas y viscerales.
El lobo se frota las manos contemplando
cómo se apaga el fuego que mantiene con vida a una anciana oveja que
pronto ya no podrá proteger a sus hijos, dejándolos a merced de lo
inevitable.
Es tremendamente inquietante. Y parece
que a nadie le preocupa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario